// 12 de agosto, 2026

El flujo del ensayo al fuego, paso a paso: dónde se gana o se pierde el control en un laboratorio de oro

Chancado, cuarteo, fusión, copelación, digestión y lectura instrumental: el flujo del ensayo al fuego paso a paso y los puntos de control que un LIMS de laboratorio minero debe sostener.

Laboratorio de ensayo al fuego: fusión en crisol, copelación y pesaje del prill de doré

Una ley de oro sale del laboratorio como un solo número en un certificado. Detrás de ese número hay una chancadora, un divisor, un bowl de pulverizado, una mezcla de fundente, un horno, una copela, una digestión ácida y una lectura instrumental; cada uno con su forma silenciosa de mover la respuesta. El ensayo al fuego sigue siendo la técnica de referencia para oro y plata porque colecta los metales preciosos de toda la porción de ensayo en lugar de extraerlos de una superficie. Esa misma integralidad es lo que lo vuelve implacable: casi todos los modos de falla ocurren aguas arriba de la balanza que finalmente pesa el prill.

Lo que sigue es el flujo tal como se corre en un laboratorio de mina o en un laboratorio comercial, señalando los puntos donde el control queda registrado o se pierde. Donde corresponde se nombran los módulos de OnLIMS, pero la secuencia importa más que el software: un LIMS no mejora un ensayo, lo vuelve reconstruible.

Recepción y preparación: el resultado se decide en buena parte antes del horno

La muestra llega como material grueso: testigo de sondaje, detritos de aire reverso, muestras de canaleta, productos de planta, concentrado. Se seca, se chanca, se cuartea, se pulveriza hasta una malla objetivo y una prueba de malla confirma que el pulverizado efectivamente llegó a esa granulometría. Recién entonces se pesa una carga para fusión. Cada una de esas operaciones cambia la masa, el tamaño de partícula y la identidad de lo que finalmente se va a ensayar.

Dominan dos riesgos preanalíticos. El primero es la contaminación cruzada: arrastre en las muelas de la chancadora o en el bowl del pulverizador después de una muestra de alta ley, limpieza insuficiente entre muestras, ciclos de lavado con cuarzo estéril que se saltan cuando la cola de trabajo es larga. El oro es el peor analito posible para esto, porque una traza de arrastre desde una pulpa de alta ley alcanza para levantar una muestra de baja ley por encima de una ley de corte. El segundo es el sesgo de submuestreo. El oro suele ser grueso y estar distribuido de forma errática, así que reducir masa sin reducir antes el tamaño de partícula es la manera de producir un resultado preciso, defendible en términos de método y sencillamente no representativo del lote.

Por eso la trazabilidad tiene que empezar aquí y no en el horno. El registro debe llevar la cadena de identidad —muestra original, rechazo grueso, pulpa, carga de ensayo— junto con quién preparó, en qué línea y con qué equipo, en qué lote de preparación, cuándo se limpió por última vez el equipo y qué arrojó la prueba de malla. De eso se ocupa OnLAB: registro y etiquetado en recepción, entregas de custodia, estados de preparación, composición de lotes y ubicación de almacenamiento de rechazos y pulpas, que es lo que permite recuperar meses después una contramuestra o un reensayo. Cuando un cliente cuestiona una ley, la discusión casi nunca es sobre el instrumento: es sobre la pulpa.

Fusión y copelación: las variables que hacen defendible el resultado

La carga pesada se mezcla con fundente —litargirio, bórax, sílice, carbonato de sodio, con un reductor o un oxidante ajustado a la química de la propia muestra— y se funde en crisol. El plomo que produce la reducción del litargirio colecta el oro y la plata al decantar, y la colada se vacía de modo que escoria y plomo se separen. El botón de plomo ya frío se martilla y se copela en la mufla, donde el óxido de plomo es absorbido por la copela de ceniza de hueso o de magnesia y los metales preciosos quedan como botón de doré. Desde ahí el acabado es gravimétrico o, más habitual en leyes bajas, una digestión seguida de lectura instrumental.

El ensayo al fuego no es una receta fija. El fundente se ajusta por tipo de muestra, el material sulfurado se comporta distinto del oxidado, y el ensayista lee la escoria y el botón para decidir si la fusión funcionó. Esa flexibilidad es justamente la razón por la que las variables hay que registrarlas y no recordarlas. Como mínimo: masa de carga, formulación del fundente y lotes de reactivo (litargirio en particular), lote de crisoles, identificador de horno, bandeja y posición dentro de la bandeja, temperatura y tiempo de ciclo de fusión, lote de copelas y condiciones de copelación, masa del botón, masa del prill, analista y turno.

Nada de esto es burocracia. Cuando una bandeja vuelve mal, las preguntas útiles tienen todas esa forma —qué horno, qué posición en la bandeja, qué lote de litargirio, qué partida de copelas, qué turno— y solo se pueden responder si los valores se capturaron mientras la bandeja corría. Un laboratorio que registra únicamente la ley final no tiene manera de distinguir una muestra mala de una zona mala del horno. OnLAB sostiene la estructura de lote y bandeja, incluida la posición, para que un patrón a lo largo de una bandeja se vea como patrón y no como valores atípicos dispersos; OnWSH captura las masas de botón y prill directamente desde las balanzas de ensayo, sin paso de transcripción.

Digestión y lectura: el cálculo pertenece al sistema

En el acabado gravimétrico, el botón de doré se aparta y el oro se pesa directamente. En el acabado instrumental, el prill se digesta —típicamente en ácido nítrico y luego en agua regia—, se lleva a un volumen definido y se lee por AAS o ICP-OES contra una curva de calibración preparada con estándares, con blancos de reactivo y, cuando el rango lo exige, una dilución adicional y una relectura.

La ley final, entonces, no se mide: se calcula. Depende de la masa de carga efectivamente pesada, del volumen de digestión, de cada factor de dilución aplicado, de la corrección por blanco, de la curva de calibración vigente en el momento de la lectura y de los límites de detección y de cuantificación que determinan si un valor bajo se informa como número o como «menor que». Cada uno de esos insumos es un lugar donde un resultado puede estar equivocado sin parecerlo.

Este es el argumento práctico más fuerte contra dejar el cálculo en una hoja de cálculo. Una fórmula de planilla no tiene versión, ni responsable, ni traza de auditoría; una columna copiada arrastra un factor de dilución viejo sin quejarse; y el archivo que produjo un certificado hace tres años rara vez es el archivo que existe hoy. El cálculo tiene que vivir donde conviven la versión del método, la masa de carga y la salida cruda del instrumento. De ese lado se ocupa OnWSH: parsers de instrumento para AAS e ICP-OES, captura de balanzas y cálculos ligados al método y su revisión, de modo que la ley informada se pueda reconstruir desde sus insumos en vez de confiarse por el número que aparece en una celda.

QA/QC de la bandeja: CRM, duplicados de pulpa, blancos y qué pasa cuando falla

El QA/QC del ensayo al fuego se organiza por bandeja, porque la bandeja es la unidad que comparte horno, partida de fundente y corrida. Un esquema de control inserta materiales de referencia certificados elegidos según la matriz y el rango de ley esperado, duplicados de pulpa que miden la repetibilidad analítica, duplicados de preparación tomados más arriba en el flujo que miden el error de preparación y submuestreo, y blancos —material estéril que recorre el proceso completo— que exponen contaminación y arrastre. Muchos laboratorios agregan su propia pulpa de control interna para dar continuidad entre lotes de CRM.

Las reglas de aceptación tienen que existir antes de que la bandeja corra, no después de que los números estén a la vista. El CRM se evalúa contra su valor certificado y sus límites de control, idealmente sobre una carta de control para que una deriva lenta se detecte antes que una falla ruidosa; los duplicados, con un criterio de precisión apropiado al nivel de ley; los blancos, contra un umbral definido y ligado al límite de detección. Escribir las reglas primero elimina la tentación de decidir qué es aceptable cuando ya se conoce la respuesta.

Cuando una bandeja falla, la acción correcta es reensayar —la bandeja completa o el tramo identificado— y registrar por qué. Lo que nunca debe ocurrir es ajustar un número para que un control entre en rango. Ese hábito es la práctica más dañina de un laboratorio de ensayo: convierte una falla de proceso recuperable en una falla de datos indetectable, y es exactamente lo que una evaluación bajo ISO/IEC 17025, o una disputa comercial, está diseñada para encontrar. El resultado fallado y el resultado del reensayo deben sobrevivir ambos, vinculados, con la decisión, el motivo y la persona que la tomó. OnLQC está hecho para ese punto de decisión: cartas de control y análisis de precisión de duplicados, reglas de aceptación aplicadas al lote y no a muestras sueltas, y un bloqueo de liberación que retiene los resultados afectados hasta que la decisión de QA/QC se toma y queda registrada.

Del resultado al certificado — y a la reconstrucción años después

La última etapa parece administrativa y no lo es. Los resultados se revisan por el analista, se validan técnicamente, los aprueba un firmante autorizado y se emiten en un certificado que declara el método y su revisión. Las correcciones posteriores a la emisión se manejan como una revisión nueva y trazable del certificado, nunca como una sobrescritura silenciosa de la anterior. El acceso posterior debería ser de lectura: geología, metalurgia, planificación y el área comercial necesitan los números de forma continua, y los necesitan sin tener permisos de escritura sobre el registro del laboratorio. Ese es el papel de LabData junto a OnLAB.

La razón para invertir en esta etapa es que el certificado se va a cuestionar después, y rara vez el día en que se emite. La conciliación de leyes entre laboratorio, planta y modelo de recursos abre preguntas meses más tarde. Las liquidaciones comerciales, los ensayos dirimentes y las disputas de embarque reabren muestras individuales. Una evaluación de acreditación pregunta cómo se produjo un resultado puntual y espera que la respuesta sea evidencia y no memoria. Lo que debe quedar reconstruible es la cadena entera: lote y equipo de preparación, prueba de malla, lotes de reactivo y de copelas, horno y posición en bandeja, masa de carga, archivo crudo del instrumento, calibración vigente, resultados de QA/QC de esa bandeja, las decisiones de reensayo y quién aprobó el certificado y cuándo.

La evidencia de sistema de gestión que rodea a todo eso va junto: documentos de método y sus revisiones, competencia y autorización del personal, calibración y mantenimiento de equipos, no conformidades y acciones correctivas; ese es el terreno que cubre OnQMS para laboratorios que trabajan bajo ISO/IEC 17025. El ensayo al fuego es una técnica madura y bien entendida; lo que exige no es novedad sino disciplina para registrar lo que efectivamente se hizo. Un laboratorio capaz de reconstruir una ley de oro de hace dos años a partir de sus propios registros no necesita ganar la discusión. Solo necesita abrir el registro.

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